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Cinco consejos para tu tarjeta de visita

Las tarjetas de visita… ese concepto

¿Necesitas consejos para tu tarjeta de visita? Ahí va uno: no te la hagas o al menos, no te hagas muchas. Y déjame matizar. Las tarjetas de visita hacen su aparición en China en el siglo XV y en Europa en el XVII. Los adláteres de los aristócratas se las iban entregando unos a otros para anticipar de forma «solemne» la llegada de éstos.

Con esto lo que quiero decir no es que no hay que hacerse tarjetas de visita, sino que si tu herramienta de marketing principal se basa en algo tan antiguo y trasnochado, quizá es hora de revisar tus estrategias de venta.

Tarjeta de visita año 1800

Fíjate en lo que te decía. ¿Se diferencia mucho la tarjeta del insigne comercial de ventas G.W. Walduck de la tuya? Pues 218 años han pasado entre una y otra.

Claro que hay profesiones como la de comercial, abogado o visitador médico que siguen funcionando de forma habitual con esta herramienta de marketing. Aquí te dejo cinco consejos para que no parezcas más viejo que G.W. Walduck.

Elige bien el formato

Lo primero, antes del diseño, es elegir el formato con el que quieres que la gente te conozca. Lo habitual (y más barato) es un formato rectangular de 85×55 milímetros. Pero la vida no se acaba ahí, cada vez es más habitual ver nuevos formatos con más vida que este como las minicards.

Decide lo que quieres que aparezca

Esto también tiene que ir antes que el diseño. Recuerda que las herramientas de marketing deberían ir dirigidas a tu target específico. Si tienes dos actividades muy diferenciadas… hazte dos tarjetas (o mejor ninguna). Normas básicas:

  • No llenes la tarjeta con un montón de datos. Ve al grano.
  • No pongas un método de contacto que no utilices (si no coges ninguna llamada que no conozcas, obviamente no pongas tu teléfono).
  • Si utilizas un mail por favor, que no sea un @gmail.com, @outlook.com o @yahoo.com (¿alguien sigue utilizando Yahoo?)

El diseño

Ahora llega el momento en el que se nos va del todo la cabeza. Recuerda que no eres diseñador y que, por mucho gusto que tengas (o creas tener), como un servicio profesional nunca lo vas a hacer así de bien. El diseño de tarjetas es todo un mundo y tiene que conservar y seguir una línea de marca. Aquí es super importante que conserves tu marca (logotipo, colores corporativos, tipografía, etc) para que no parezca que lo que vas a entregar no es algo tuyo. Un par de consejos:

  • Intenta que tu diseño sea minimalista. No hay nada peor que algo barroco en el cual no se lea nada.
  • No te pases con los colores.
  • Que tu logo sea visible sin dejar de lado la claridad de los datos.
  • Si tienes presupuesto, gástatelo. Una tarjeta diferenciadora es más sencillo que no acabe en la basura.

No parezcas viejuno

Y esto quizá es muchas veces y dependiendo de a lo que os dediquéis (¿abogados, estáis ahí?), muy complicado. Os cuento un par de cosas. ¿Sabéis que elegante no es igual a viejuno? ¿Os dáis cuenta que clásico no es igual a viejuno? Quizá no os habéis parado a pensar en la imagen que queréis ofrecer, pero hay alternativas aunque vuestro negocio sea lo más clásico del mundo.

Por ejemplo, si nuestro despacho se dedica a los divorcios, porqué no utilizar un tipo de tarjeta como esta:

Y si no nos sentimos atrevidos, aquí tienes unos cuantos diseños:

Plantéate qué es lo que necesitas

Y ahora en serio. Quizá no necesites una tarjeta de visita. O sí, pero quizá necesites otro tipo de estrategias para llegar a tus futuros clientes. Ten en cuenta que en el customer journey de tu futuro pagador, la entrega de tarjeta es un punto en el que el fail está servido por varias razones que te comento en forma de pregunta:

  • ¿Es tu tarjeta lo suficientemente vistosa, creativa y original para que merezca la pena conservarla?
  • ¿La persona a la que le das la tarjeta necesita tus servicios en ese momento?
  • ¿La persona a la que le das la tarjeta es ese tipo de personas que guarda las tarjetas de visita?

Si alguna de las respuestas es que no, mis más sinceras condolencias. Tu objetivo no se ha cumplido y el customer journey de tu futuro no-cliente acaba ahí.

Plantéate que hay otros medios de venta que van desde el marketing tradicional (quizá un imán para la nevera es más fácil de guardar) a marketing online (SEO, SEM, etc) o a estrategias de inbound marketing. Quizá la pasta que te estés gastando en una tarjeta de visita, por poca que sea, no tiene ningún retorno. Plantéate todo esto antes de imprimir tu flamante tarjeta nueva y dar la impresión de que estás menos de moda que nuestro amigo G.W. Walduck.

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